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Bienestar global y puesto de trabajo. Puesto de trabajo y bienestar global. ¿Son conceptos antagónicos? Empiezan a publicarse diferentes estudios que muestran la evidencia de que no. Que son elementos que pueden coexistir. Es más: la felicidad, o mejor aún, la plenitud laboral tiene un enorme impacto sobre el bienestar global de las personas.

Y, ¿qué se entiende por “bienestar global en el puesto de trabajo”? El término es tan amplio y engloba tantos aspectos que lo desarrollaremos en una secuencia de artículos. En este primero, nos centramos en sus orígenes: cómo aparece y se desarrolla el concepto de bienestar, y cómo llega hoy día a ser algo que podemos realizar, medir y gestionar.

¿De dónde viene el concepto de bienestar?

Empezamos con la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en 1946 define salud como “el completo estado de bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedad”. Esta definición es criticada por utópica y ambigua, precisamente porque se basa en el término “estado”. Porque si la meta es “un estado de completo bienestar”, uno advierte que la salud parece inalcanzable…

Pero, ¿podemos decir que estamos completos con las tres dimensiones que propone la OMS en 1946? Indagando un poco en lo que nos aporta bienestar como seres humanos, la respuesta es clara: por supuesto que no. No acaba todo con lo físico, mental y social. ¿Qué pasa con la salud de nuestros entornos? ¿Facilitamos y nos implicamos en su sostenibilidad? ¿Y con nuestra interioridad, conciencia o alma, como nos guste llamarla? Estemos más o menos despiertos a ellas, estas dimensiones son, por naturaleza, tan nuestras como ser humano que no podemos obviarlas o dejarlas a la puerta del trabajo o de casa.

No fue hasta 1979 en que el médico y sociólogo Aaron Antonovsky introdujo el concepto y teoría de la “salutogénesis”. Con ella promovió una mirada completamente revolucionaria al concepto de salud y bienestar: “debemos mirar aquello que crea salud más que a las limitaciones y causas de las enfermedades”. La mirada salutogénica se centra en los recursos, habilidades, competencias y activos que generan salud y en los procesos que la promueven.

Siguiendo la evidencia emergente, la carta de Ottawa de la OMS inicia en 1986 la sensibilización hacia la promoción de la salud. Por vez primera se posiciona al individuo como sujeto activo y participativo en su propia salud. Esto favoreció el estudio de los factores que determinan los niveles de salud y bienestar individuales y colectivos, en los que el entorno de trabajo tiene una gran relevancia. Paralelamente, Antonovsky centró sus investigaciones en los entornos de trabajo enfocándolas en los aspectos de salud mental y estrés.

Fruto de todo este contexto histórico, se aporta a la sociedad la dirección y los medios para que las personas alcancen una calidad de vida global. Una vida que evidentemente abarca y mide todas las dimensiones que nos conforman y completan como seres humanos.

¿Qué es y dónde encaja HOY el bienestar global en el puesto de trabajo y cómo entenderlo?

Una vez más, le debemos a Antonovsky el primer modelo que explora sistemáticamente la salud en términos de desarrollo humano.  De una forma pragmática, al situar la salud en un continuum, tiene en cuenta las circunstancias siempre cambiantes y diversas en las cuales vivimos las personas ya sea individual o grupalmente. Con esta mirada abrió la puerta a investigar y medir la correlación entre clima organizacional y la “orientación en la vida” individual del empleado con el cuestionario de sentido de coherencia (SOC).

Este sencillo paso, la mirada a la salud y el bienestar global como un continuum, no como algo estático e inalcanzable, resulta revolucionario. ¿Por qué?  Porque no solo pone a nuestro alcance su gestión, su “manejabilidad” siguiendo sus propias palabras, sino que es la puerta que permite, potencia y facilita el pleno desarrollo humano.

¿Así pues, por qué esta es la puerta que importa abrir en las empresas?

A pesar de la mirada hacia lo que genera salud, lo cierto es que la enfermedad sigue muy presente en nuestras vidas. Y, por lo general, la afrontamos mal y nos impacta más de lo que reconocemos. Indicadores recientes demuestran que el absentismo por estrés, ansiedad y depresión son asignaturas pendientes, y alcanzan en muchas empresas categoría de “medical need”.

En el entorno laboral, ¿quién no ha vivido circunstancias en las que compañeros de trabajo y familiares caían enfermos con todo lo que esto conlleva de aumento de ansiedad y estrés? Estas y otras circunstancias difíciles, aumentan el sentimiento de soledad que se está convirtiendo en la gran epidemia en el trabajo (investigación a cargo del científico Vivek Murphy y publicada en la Harvard Business Review).

Como avanzamos al principio de este artículo, y a pesar de todo esto, bienestar global y el puesto de trabajo no son antagónicos: la plenitud laboral tiene un enorme impacto sobre el bienestar global de las personas.

Y, ¿qué puedo hacer yo como empleado para aumentar mi calidad de vida en el trabajo? ¿Y qué papel tiene aquí la empresa?

¿Qué puede aportar la empresa en este aspecto? Lo revolucionario, es que la empresa se convierta en parte activa del desarrollo global y humano de los empleados. Que esté resuelta a mejorar la productividad aprendiendo a movilizar las competencias para la vida, lo que garantiza el óptimo bienestar global, y no solo se ocupe de formar en habilidades técnicas y profesionales. Lo innovador es que empresa y empleado se acompañen en identificar y reconocer sus activos mutuamente. Lo inspirador, que se acompañen a encontrar sentido y fundamente la orientación a propósito, eso tan sutil que marca la diferencia, promueve el compromiso y atrae talento.

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