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¿Cómo diferenciar emociones de sentimientos y valores?

14/01/2020 por Ángela Jordana

Uno de los efectos de más impacto que se da entre los participantes de nuestros programas es el que se produce cuando descubren, no sin cierta incredulidad al principio, que emociones y sentimientos no son los mismo. En esta entrada nos adentramos a explicar que vivir en las emociones no es lo mismo que vivir movidos por el sentimiento, y mucho menos por los valores. ¿Me acompañas a verlo?

Índice del artículo: Diferenciar emociones de sentimientos
  • ¿Qué son las emociones?
  • Otro lugar desde el que vivir: el sentido
  • Emociones y sentimientos en las organizaciones: necesitamos madurar
  • ¿Cómo te puede ayudar el modelo de la salutogénesis a introducir madurez en la organización y decrecer el absentismo?

¿Qué son las emociones?

Antes de empezar a ver que emociones y sentimientos no son lo mismo, parece sensato dedicar un espacio a entender qué son las emociones. Lo primero que he de comprender es que cuando estoy viviendo en la emoción estoy viviendo en la mente. Y la mente es juez, es ego, es personaje…

Las emociones son movimientos de energía 100% condicionada por las ideas, expectativas, pensamientos que tengo sobre mi, sobre ti, sobre las cosas, los planes, lo que quieras…. Pensamiento y emoción forman un conjunto tan indisoluble que podemos decir que la emoción es el corazón de la mente.

No puedo parar las emociones porque no puedo parar el pensamiento. Pero sí puedo darme cuenta de ellas y, sobre todo, empezar a reconocer el impacto que tienen en mí, en mi cuerpo físico, mental y relacional, observando también el clima y ambientes que genero a mi alrededor, y en las relaciones y vínculos que provoco… Su impacto en el cuerpo físico es incuestionable. Porque de alto impacto son las reacciones bioquímicas que se dan en el organismo y a una velocidad inalcanzable para nuestra parte consciente, a consecuencia del intercambio energético que produce el ir y venir de pensamientos.

El pensamiento tiene una utilidad, si no, no existiría. Nos ayuda a organizarnos, a hacer planes, a estudiar, a poner ropa en una maleta…, todo lo que ayuda a progresar en nuestro orden natural. Lo que no podemos dejar es que el pensamiento domine nuestras vidas y acabemos dejándonos llevar por la
emocionalidad que lo acompaña
.

Y si verdaderamente queremos cambiar comportamientos y tener resultados nuevos en nuestras vidas hay que aprender a pararse primero, a renovar la mirada después y, finalmente, tomar distancia para, confiadamente, ¡saltar!

Otro lugar desde el que vivir: el sentido

Sigamos adelante en esta investigación sobre las emociones y sentimientos. Porque la buena noticia es que hay otro lugar desde el que vivir y trabajar, que es el que nos conecta con el sentido. El sentido es algo que sucede espontáneo y viene movido por el sentimiento; es una certeza que sucede en el interior, es algo intangible a los ojos físicos y los ojos del ego, y sin embargo totalmente real y auténtico.

¿Lo has descubierto ya? Para descubrir y vivir desde lo que da sentido al hacer que hago, uno ha de estar libre del miedo a no encajar, a no sobrevivir, a no saber, ¡miedo a … cualquier cosa! 

El sentido es el corazón del alma. Y solo puedo sentir el sentido desde la autenticidad, sin esa mascara social que me cubre, y que me hace funcionar como ‘el que se espera que sea’ en cada momento y contexto. ¿Apuestas por saltar y entrar a conocer como no dejarme llevar por los juegos engañosos de la mente?

Emociones y sentimientos en las organizaciones: necesitamos madurar

Como ves, emociones y sentimientos no son lo mismo y hay que estar atentos para vivir una vida con bienestar mental. En concreto, las organizaciones necesitan madurar, transformarse y someterse a un crecimiento interior, no solo exterior, que les dé calidez y madurez humana para que podamos mostrar nuestra autenticidad y liderar con sentido. Hago notar que hablamos de organizaciones como del ecosistema en el que se integra el estado individual de todas las personas que la componen.

Madurando como individuos, comprendemos que no tiene porque gustarme cada día, pero si puedo aprender a vivir desde el corazón. Y es que solo somos felices en el darnos desde el fondo. Puedo aprender a abrirme para aceptar y acoger lo que está sucediendo, sea lo que sea desde un lugar de libertad. J. Krishnamurti nos hizo ver como la libertad la encuentras ‘al principio’, cuando la mente ego-centrada no ha contaminado la vida confundiéndola con el existir. Decía nuestro admirado Victor Frankl que “es esa libertad espiritual que nadie te puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido”.

¿Cómo te puede ayudar el modelo de la salutogénesis a introducir madurez en la organización y decrecer el absentismo?

Sabemos directamente por ti, que has intentado de todo y no se consigue bajar el nivel de estrés de la organización y que el absentismo sigue creciendo. Sabemos que el absentismo no tiene una causa física. Más que absentismo, podríamos llamarlo ‘dimitismo’.  Sería la ratio que mediría el número de personas y profesionales que han dimitido de aprender, renovarse, volver a ‘enchufarse’ a la pasión que les haría correr en una carrera de fondo, y sentirse de nuevo vivas, transformadas.

El modelo salutogénico de salud se ocupa de los factores que contribuyen a que las personas permanezcan sanas a pesar de las condiciones desfavorables o muy negativas que les estén sucediendo. La salutogénesis es la única disciplina de salud, hasta donde conozco, que consigue mirar e integrar todas las dimensiones del ser humano y, por tanto, contempla y trabaja la salud en términos de desarrollo humano, de consciencia sistémica y de ser multidimensional, incluyendo la espiritualidad. 

La dificultad de encontrar y desarrollar talento, y el enorme desajuste productivo que se está dando ya en las organizaciones da aún mas sentido a la apuesta por hacer saber con convicción que contamos con todos. Es crítico lograr que todos se sientan parte relevante de lo que estamos creando. Eso implica entrar a jugar en una nueva liga, con nuevas reglas de juego, en el que priman los lideres que se mueven desde los valores, con madurez interior. Líderes que te hacen notar que cuentan contigo porque saben cuando necesitas un respiro, cuando un reto, cuando un premio y cuando un achuchón.

Esa es la grandeza humana y espiritual de la que no hay que abdicar cuando dirigimos equipos y organizaciones. Si lo hacemos, sufriremos y no obtendremos los resultados nuevos que anhelamos.

Por eso la salutogénesis, adecuadamente conducida puede acompañarnos a encontrar sentido, a salir del bache ansioso y angustiado en que vivo y recuperar la pasión de vivir y la sintonía con los demás. A través de este modelo hacemos posible gracias al itinerario específicamente creado para ello, LifeCourse Journey, que en la organización se encuentre y disemine aquello que potencia el estado de bienestar que hace al individuo un líder consciente de sus propias capacidades, que aprende a afrontar las tensiones normales de la vida, además de trabajar de forma productiva y fructífera, contribuyendo a su comunidad y organización.

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