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Me ha picado la curiosidad y he empezado a buscar… ¿Podrías decirme cuantos “apellidos” acompañan a la palabra liderazgo? Ya hace rato he dejado de contar… ¿A cuántos cursos, programas, masterclass de liderazgo habré asistido? Muchos. ¡Pero muchos!
Y últimamente observo como se ponen prefijos a la palabra en sí: auto-liderazgo, neuroliderazgo, (¿cómo? ¿me puedo desdoblar, liderarme y volver?) o sufijos: líder ágil, líder resonante, líder servant…

Entonces vuelvo a las bases: ¿qué pretende el liderazgo? Influir. Para conseguir algo. Un resultado concreto, claro está. ¿Es eso realmente? Porque sólo eso ya lo puede distorsionar todo. Porque concentrarme en el objetivo, fijar la atención en el resultado hace que me pierda todo lo que está sucediendo a mi alrededor. Mi radar está apagado, porque de tan enfocado cómo está, no observa como la vida fluye, cambia imparable. Y no me doy cuenta de que en verdad, en verdad, “yo” no influyo nada, porque ¿no salgo ya condicionado por todas las creencias que arrastro y con las que me he identificado?

¿Quién está liderando, entonces?

Porque concentrarme en el objetivo, fijar la atención en el resultado hace que me pierda todo lo que está sucediendo a mi alrededor.

¿Seguimos? Vamos buceando y observo la fiebre y temor y oportunidades de liderazgo que despierta la llamada “transformación digital”. No se habla de otra cosa. Y cito textual del Informe de McKinsey Global Institute, “Un futuro que funciona: Automatización, Empleo y Productividad” (página 25): “(…) Por último, la automatización creará la oportunidad de que las personas usen las capacidades inherentes a los humanos que a las máquinas les cuesta mucho trabajo emular: pensamiento lógico, solución de problemas, las competencias sociales-emocionales, aportar pericia, dar entrenamiento, desarrollar a otros y la creatividad (…)”. Estamos preparados para dar el salto y salir de lo emocional hacia lo relacional.

La pregunta es: ¿desde dónde nos relacionaremos?

Ese es el reto, dar y recibir entrenamiento y desarrollar estas capacidades tan humanas, tan cercanas y tan nuestras. Si no, ¿cómo voy a poder reconocer en ti lo que no he visto ni entrenado en mí? Conocer cómo funciona la mente, y cómo se dispara la emocionalidad propia es importante. Permite darme cuenta de lo que me mueve en verdad y reconocer por fin, que puedo coger la pértiga y “dar un salto”. Y el salto que voy a dar me lleva a otro sitio por fin, un lugar que no está fuera de mí, es ese algo que nos moviliza desde muy dentro. Es la fuerza del propósito.

Conocer cómo funciona la mente es importante. Permite darme cuenta de lo que me mueve en verdad. Es la fuerza del propósito.

Desde este nuevo sitio de verdad puedo relacionarme con los demás haciendo algo grande ciertamente. Como hizo Masaru Ibuku, co-Fundador de SONY cuando en 1946 se dejó guiar por la fuerza de una idea, y manifestó su propósito en acción: “Quiero establecer un lugar de trabajo donde los ingenieros puedan sentir la alegría de la innovación tecnológica, ser conscientes de su misión en la sociedad y trabajar para satisfacer su corazón” Así nació SONY.

To establish a place of work where engineers can feel the joy of technological innovation, be aware of their mission to society, and work to their heart’s content.

Masaru Ibuka

The first “Purposes of Incorporation” of Sony

¿No te parece ésta la mejor prueba de que la fuerza del líder es la de un propósito en acción que sirve a la vida?

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