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Dos profesores de la London Business School (Lynda Gratton y Andrew Scott) en su libro “La vida de 100 años. Vivir y trabajar en la era de la longevidad” explican que vamos a vivir más tiempo y que vamos a vivir mejor, en mejores condiciones físicas. En resumen: vamos a ser jóvenes durante más tiempo. Y esto, siguen diciendo, “cuando se lo contamos a la gente, 4 de cada 10 personas dicen que no quieren vivir tanto tiempo. Que vivir tanto tiempo es un problema”.

¿Por qué algo que parece una buena noticia, se vive con rechazo por tantos? Una de las principales causas es por miedo a la soledad.

El pasado 15 de noviembre, Fundació Grup7 organizó una Jornada para debatir sobre la Soledad y su impacto en la salud y en la economía. Se aportaron diferentes miradas al problema de la soledad (no elegida). Por nuestra parte, pudimos abordar y compartir sin tapujos la soledad del directivo, del manager y del CEO en las organizaciones.

Porque la realidad es que cada vez más y más personas se sienten cansadas y solas en el trabajo, con los peligros que de ello se derivan. Según el General Social Survey de 2016, se ha doblado el número de personas que declaran sentirse siempre agotadas comparado con resultados de cerca de 20 años atrás. Y casi el 50% de los encuestados dicen que siempre o muy a menudo es por causa del trabajo. Se registra que, a mayor agotamiento mayor es la soledad.

¿Qué pasa a directivos y managers en las organizaciones?

En etapas de plena ebullición y velocidad de cambio como es la actual, y como consecuencia del propio condicionamiento, puede aparecer:

  • inseguridad sobre qué respuesta dar a las situaciones nuevas y cambiantes,
  • adaptación a diferente velocidad entre los miembros de la organización
  • se requieren nuevas competencias y capacidades que tengo que aprender dejando sitio y por tanto vaciándome de ‘lo viejo’.

Por esto y porque también nos caen encima los condicionantes culturales y otras demandas de la organización, pasamos a esforzarnos en mostrar a los demás una imagen: la imagen de lo que creo que debo ser. Y tendemos a actuar según lo que creo que los demás esperan de mi.

Y así un día detrás de otro, casi sin darme cuenta, entro en un peligroso bucle que lleva al agotamiento emocional y psíquico. A perder la ilusión por lo que se realiza. A dejar de disfrutar. Y así aparece el desenganche del trabajo con la ineludible desconexión de los demás y el profundo desasosiego por soledad y aislamiento que lo acompaña.

¿Por qué tan a menudo elegimos escondernos antes de reconocer en nuestro interior que no se sabe que hacer?

Porque sentimos vergüenza y miedo a mostrarnos vulnerables. ¡Ay si supiéramos que pronunciar ese “no sé” nos dispone frente a nuestra mayor fortaleza! ¡Desde ahí estaríamos evitándonos mucho sufrimiento individual y un elevadísimo desequilibrio productivo!

Porque lo paradójico es que, cuando nos vivimos aislados en momentos como estos, sí hay un viaje hacia adentro que es necesario hacer para reconectar con nuestra plenitud. Ahí adentro descubriré que este genuino “no sé”, es el único y primer paso que necesita la creatividad, la innovación y el compromiso para florecer y dar fruto.

¿Entonces, cómo abrirse y atreverse a mostrarse vulnerable?

Necesitamos orientar las situaciones con un propósito que nos una significativamente. Que haga significativo y comprensible lo que sucede. Si nos abrimos a conocer cómo funcionamos, podemos reconocer el condicionamiento y empezar a cambiar la mentalidad. Hay que disponerse con coraje a vivir con los demás sin escondernos.

Las organizaciones tenemos ahí una tarea pendiente: desarrollar esa cultura del propósito. Un espacio que tiene mucho que ver con dejar a las personas ser autónomas. Con aprender a pedir ayuda. Con acompañar a cambiar el miedo por la comprensión amorosa.

Una solución sería orientar el discurso directivo a esos ideales que nos parecen que “aquí no tocan” y traerlos al día a día. Encontrar esos “por qué” que nos unen y nos preparan para vivir un periodo prolongado de equilibrio productivo. Así será la nueva etapa en la vida de las organizaciones. No es tan difícil cuando te dejas ayudar, y nos encantaría acompañarte en este camino de confianza y coherencia que deja atrás la soledad y aislamiento.

 

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